Anabel

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viernes, 5 de junio de 2015

Tu candidatura ha sido descartada (CAPÍTULO II)


           


Sin embargo, yo cada vez estaba peor. Seguía sin ser convocada a ninguna entrevista de trabajo pese a que cada día buscara durante horas en Internet ofertas en las que pudiera encajar y enviara mi currículo adaptado con su respectiva carta de presentación adaptada.

Exigimos licenciatura en Derecho. ¡La tengo! Inglés y francés. Sí, of course, bien sûre. ¿Nivel? Muy alto, ambos, y de regalo, nivel básico de alemán y algo de euskera. Y a los pocos días, me descartaban. Me lo comunicaba sin ninguna empatía el rectangulito de Infojobs que hasta entonces había recogido el aviso de que mi candidatura había sido recibida por la empresa correspondiente, todo él cubierto de una especie de tela de araña gris y con el mensaje de rechazo bien redactado, por si semejante cromatismo lúgubre no me lo hubiera dejado claro: “Tu candidatura ha sido descartada”. Cómo fastidiaba aquello… Picaba especialmente cuando en el mencionado rectangulito gris aparecía que mi CV, en un primer momento, antes de ser finalmente rechazado, había recibido la aspita verde de “Leído” y, ¡albricias!, otra aspita verde que decía: “CV incluido en el proceso”. Vanas esperanzas.

Las otras páginas de búsqueda de empleo me escupían el “NO” con una simple pero agresiva crucecita roja o un aséptico “No preseleccionado”.

  ¿Y por qué? ¿Por qué diablos, por qué? ¿Qué se les había pasado por la cabeza a todos aquellos consultores de RR.HH., invisibles y todopoderosos, que desde la distancia me consideraban no apta para estar en una empresa, bien vestida, frente a un ordenador y con un teléfono al lado, con el ceño fruncido, gestionando o tramitando lo que fuera? Nunca lo sabría. Nunca daban motivos. La pantalla del ordenador, sencillamente, me escupía NO.


Y pedían programas informáticos diversos e infinitos, de nombres exóticos y en acrónimos que daban por hecho que el común de los mortales conocíamos, programas de contabilidad, nóminas, documentación, almacenaje, reservas de habitaciones de hotel, organización de viajes y de todo tipo de gestiones que yo no había tocado jamás y que nunca tendría la oportunidad de conocer y poner en práctica. ¿Que por qué? Porque nadie me daba la oportunidad de conocerlos, de tener un periodo formativo para familiarizarme con ellos, aprender su intrincado funcionamiento y después utilizarlos. Querían que los candidatos fuésemos desde el primer momento criaturas completas y experimentadas. Si no, au revoir.

Y pedían varios años de experiencia que era técnicamente imposible que tuviera porque llevaba años sin que nadie me diera la oportunidad de tener experiencia alguna. Anabel atrapada en el Círculo Vicioso.

“Es que ahora, con la Crisis, te pueden pedir lo que quieran. Hay demasiado de todo”, decían por ahí. Y la resignación comenzaba a resbalarme como si sobre mi piel hubiera crecido un impermeable contra todos aquellos sentimientos que implicaban serenidad y aceptación. Mis instintos más oscuros pugnaban cada día más por cubrirme de arriba abajo y abocarme al desastre.

            La situación parecía no cambiar y era desesperante ¿de veras que al resto de las personas en paro, en circunstancias parecías a la mía, les sucedía lo mismo? La única persona parecida a mí que tenía en mi círculo más íntimo era Fátima, y desde luego que a ella le sucedía igual que a mí, pero me obsesioné un poco con la idea de tener más casos como el mío a mano, para tratar de averiguar si realmente era yo la que hacía algo mal o la que no hacía lo suficiente. Mi vida era un puro y completo estancamiento sin perspectiva de mejoría a la vista.

            Sin embargo, la actitud animosa y esperanzadora de mis padres se mantenía obstinadamente firme, y aunque sospechara que se mostraban así de optimistas de forma impostada, sabía que lo hacían con la noble intención de no dejarme precipitarme en el desánimo.













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