Anabel

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miércoles, 17 de junio de 2015

Cómo se comporta tu gente cuando estás en el paro (I)

Están los que te sorprenden para mal

Pensabas que su apoyo, cariño y comprensión serían eternos e incondicionales, y no sucede eso. No, ni mucho menos. 

Algunas de estas personas desaparecen casi como por arte de magia porque ya no les interesa tenerte en sus vidas por diferentes motivos, a saber: no saben de qué hablar contigo, o no les hace gracia que les cuentes tus penas  (vaya rollo escuchar las desgracias de un desempleado, todo el rato hablando del puñetero Infojobs, sus cursitos, datos y cifras oficiales...), o consideran que vuestra etapa en común ha pasado a mejor vida al encontrarte tú en otra diferente y peor (sí, ellos sí tienen trabajo y no, no les costó tanto encontrarlo)...  



Otras de estas personas, aunque no desaparezcan, bien podrían hacerlo, porque ante tu mala fortuna no reaccionan como te esperabas, lo hacen de una forma que te deja boquiabierto para mal. Prácticamente te echan la bronca por estar en la situación en la que estás (vamos, que te hacen ver que piensan que tú eres el responsable único o mayor de estar desempleado), te invitan a olvidarte de tus tropecientos estudios superiores y a ponerte a trabajar YA, de LO QUE SEA (si protestas o dudas te llaman exquisito por no querer ponerte a limpiar un matadero o meterte de aprendiz en una funeraria, por ejemplo) o a irte al extranjero YA, a trabajar en LO QUE SEA (de au pair, camarero, limpiador de hoteles o dependiente en un local de fast food, que siempre hay curro de eso, qué pasa, ¿que se te caen los anillos? ¿No hicieron algo parecido nuestros antepasados en algún momento de sus vidas?). 


Esta gente no escucha cuando les dices que con tu formación es difícil acceder a ciertos trabajos, por muy básicos y manuales que sean, o que irte al extranjero así, sin nada, implica poner en riesgo tus ahorros, despedirte de los tuyos con el mal cuerpo que provoca que tu propio país te esté echando, y empezar desde cero, sin apoyos ni referencias de ningún tipo. 
Las personas que te dan estos consejitos, la mayoría de las veces (lo digo por experiencia), están bastante bien colocadas, no han conocido el paro de larga duración ni su kafkiana maquinaria, y aseguran que de verse en tu situación harían lo que te aconsejan. Aunque ya hayas cumplido los 30 y consideres que esas deliciosas aventuras de currar en LO QUE SEA y DONDE SEA sean más adecuadas para veinteañeros con ganas de tener experiencias nuevas y aprender un idioma que para ti. 

También están los que pudiendo ayudarte no te ayudan. Sabes muy bien que si quisieran podrían llevar tu CV a sus empresas, o que hablando con el señor X o la señora Y podrían tratar de concertarte una entrevista, o, directamente, conseguirte un currillo de corta duración haciendo no sé qué. Pero por motivos que se te escapan, no mueven ni un dedo. 

Y por último están los que si no disfrutan viéndote así, casi. La etiología de esta actitud es misteriosa y diversa, pero la palabra "envidia" puede citarse varias veces sin miedo a pecar de malpensado. 


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