Anabel

Anabel

lunes, 9 de noviembre de 2015

Y el desempleado dijo: "Vosotros tampoco me gustáis a mí"

Decidido: hoy elimino mi CV de la base de datos de una célebre firma que tiene doble consonante en su nombre y que se dedica a "servicios profesionales". 

¿El motivo? 

No hay manera de que me seleccionen (ni para una primerísima criba) para ninguno de los trabajos que ofrecen.

Y bueno, ha pesado mucho que a principios de este año que ya termina, gracias a una amable conocida, logré ¡AL FIN! una entrevista en persona en las oficinas que tienen en mi ciudad con su responsable de RR.HH..., de la que salí bastante escaldada. 

Antes de ir me aconsejaron que fuera vestida de forma muy clásica ya que esta compañía de la doble consonante debe de ser bastante "conservadora". Muy bien, no problemo, me dije. Y me puse en plan señorita Rottenmeier, creo que sobran las descripciones.


 Pero nada más llegar empezaron las (desagradables) sorpresas. 

Mientras aguardaba en el hall a mi entrevistadora, pasó por allí con aires de grandeza y la cabeza girada hacia el lado contrario al que yo me encontraba una ex-compañera mía de un Master que hice no hace demasiado: la mano derecha de la señora que iba a entrevistarme. Obviamente, no quería ni saludarme. Me quedé de piedra ante tanta hostilidad. 

No es que esta muchacha y yo fuéramos grandes amigas, pero tal falta de decoro, educación y profesionalidad hizo que me temiera lo peor. Porque era evidente que sabía que yo iba a acudir a aquella entrevista, y como me dejó bien claro que yo no le era especialmente simpática, había bastantes posibilidades de que le hubiera hablado no muy bien de mí a su jefa. 

Mi siguiente sorpresa no agradable fue ver por primera vez a mi entrevistadora, cuyo peinado y vestimenta eran diametralmente opuestos a mi look victoriano. Abundante melena con permanente estilo años ochenta y ropa holgada y descolorida casi deportiva. Ausencia total de joyas y tacones. 

Pero la mujer no dejaba de sonreír. No, no dejaba de sonreír, ni siquiera cuando una vez cómodamente sentadas en su despacho, me lanzó durante la media hora que duró nuestra entrevista lo que yo llamo dardos pero algunos profesionales de los RR.HH. calificarán de "preguntas clave", "pulso de los puntos de presión", "formas de evaluar la tolerancia al estrés", etc, etc... 
Entre otras cosas, aquella simpática señora (que me sacaría 15 o 20 años) aludió de esta forma a mi edad: "¿Y qué esperas de la vida a tus treinta y... años?", e inició todo un interrogatorio estilo Tercer Grado para averiguar por qué "a mis" treinta y pico años no había logrado trabajar de algo relacionado con mis estudios. 

"¿Qué esperas de la vida a tus 33 años?" "¡Veo a la Muerte en todo momento!"
Mis explicaciones no parecieron satisfacerla mucho, bajaba la mirada, contestaba con monosílabos o pseudo-gruñidos, y escribía Dios sabe qué en su cuaderno de notas. 

La entrevista terminó y yo me fui a mi casa sabiendo que no la había pasado. 
No me equivoqué, al día siguiente mi gentil ex-compañera de Master me envío un mail diciendo que lamentablemente no contaban conmigo para una segunda entrevista. Mi contacto no se lo podía creer; yo, sí. 

Pero esta vez no me di por vencida tan pronto, quise que alguien me explicara, con el lenguaje (plagado de eufemismos y términos anglosajones) de los RR.HH. o sin él, por qué exactamente yo no merecía pasar aquella entrevista. ¿Por mi avanzada edad (treinta y pocos)? ¿Por caerle mal a la mano derecha de la entrevistadora? Así que envíe a mi entrevistadora un correo pidiéndole eso que en RR.HH. se llama "feed back", oséase, "qué te he parecido". 

A día de hoy, casi un año después, sigo esperando una respuesta. O planteándome que quizás tendría que haber sido yo la que les hubiera escrito a ellas contándoles mis impresiones y afeándoles su falta de humanidad, educación y decoro. Y que si alguien de treinta y pico les parece tan sumamente "viejuno" para entrar en su empresa por primera vez, que lleguen a esa conclusión antes de convocar una entrevista en persona. Así ahorran tiempo y energías al anciano o anciana de turno. Y que no tiene ninguna trascendencia para una entrevista profesional tocarle la moral al entrevistado recordándole la edad que tiene o lo que podía o no podía haber hecho en el pasado para estar mejor en la actualidad. 

Más tarde me enteré de que mi entrevistadora y mi ex-compañera, en double team, suelen dar charlas de cómo pasar entrevistas de trabajo y que aconsejan que el entrevistado pregunte mucho por las posibilidades de mejora, formación y evolución en la empresa. 
Vaya, yo no pregunté nada de todo eso, "sólo" me interesé por el trabajo a desempeñar en cuestión, si estaría capacitada, en qué consistía exactamente y tal. Pero me aprendí la lección. 

Y hace un par de semanas apliqué de nuevo para un puesto ofrecido para esta célebre compañía de la doble consonante (para otra ciudad, eso sí) y fui eliminada inmediatamente. 

Por todo esto creo que ya es hora de decirles "Ok, de acuerdo, me habéis dejado claro que yo no os gusto; muy bien, pues vosotros a mí tampoco" y en consecuencia, borrar mi CV de su base de datos. 
Una minúscula e intrascendente rebeldía de la que nunca tendrán noticia y que de tenerla les dará cien patadas, pero al menos, yo me sentiré mejor. 

Así les dejo claro ahora que soy yo la que no quiere saber nada de ellos. 

4 comentarios:

  1. DeloiTTe, DeloiTTe, DeloiTTe...

    ResponderEliminar
  2. Anabel, he llegado a tu blog por casualidad y la verdad es que pareces una "copia" mía.Aunque yo soy un poco más "viejuna". Lo cierto es que me he visto muy reflejada en tus experiencias porque son del tipo a las mías.

    Creo además que una cosa con la que lidiar estando en una situación como la nuestra es que , para gran parte de la gente que nos rodea,somos unos quejicas, personas negativas y a evitar , si expresamos en alto nuestra realidad. Y parece que no queda otra que estar todo el día con el dientes dientes (de la Pantoja) y sumergidos en el rollete chill out del positivismo eterno.

    Y no sigo ....que me enciendo. Mucha fuerza.

    ResponderEliminar
  3. Muchas gracias por tu comentario, Anónimo. No suelo contestar a los comentarios que me llaman "quejica", "victimista" o cosas similares porque me parece rizar el rizo... En este blog ya dejo bien claro en varios post qué pienso de las personas que nos llaman así a los desempleados de larga duración que osamos quejarnos o contar nuestras experiencias. Pero cuando me encuentro con gente como tú, no puedo resistirme a daros las GRACIAS. Mucha fuerza y paciencia para ti también, amiga.

    ResponderEliminar
  4. Este comentario ha sido eliminado por un administrador del blog.

    ResponderEliminar