lunes, 29 de junio de 2015

Contrato en prácticas: Misión Imposible (Capítulo III)

Ya en el primer mes del curso, casi todos mis compañeros de la Didascalia comenzaron a tener entrevistas para las prometidas prácticas. Todos menos yo. A mí no me llamaron de ninguna entrevista durante aquel primer mes. Y tampoco al siguiente, ni al otro, lo que hacía que me pusiera un poco nerviosa. La gente iba teniendo sus entrevistas, dos o tres por persona, y tras ellas, dependiendo de la impresión que le hubieran dado al entrevistador de turno y de su propio criterio, colocándose en empresas de todo tipo, del centro o de las afueras, para poner en práctica parte de las cosas que aprendíamos en el curso.
Las escenas eran casi idénticas. Varias tardes a la semana alguien llegaba a clase con una grandiosa sonrisa bañándole el rostro y los ojos relampagueantes, se acercaba a su grupito de confianza, y en un tono lo suficientemente alto como para que lo oyéramos todos, contaba qué tal o cuál organización, tras una breve y agradable entrevista, había decidido contar con él o ella durante tres meses, “para empezar, luego ya se verá”, a cambio de una remuneración decente y durante un número de horas perfectamente compatibles con la Didascalia.
            Si tenía ocasión de hacerlo, yo le daba la enhorabuena al agraciado de la tarde y consultaba con los que aún estábamos sin prácticas si tenían alguna novedad. Cada vez éramos menos los que no las teníamos y soñábamos con que fuéramos nosotros a los que la secretaria del curso, una chica rubia y diminuta, se nos acercara sonriente en un descanso entre clase y clase con un papelito en la mano y nos indicara que tal o cual empresa estaba “en principio” interesada en nuestro perfil.
Algunos lo llevaban peor que yo, intentando buscar causas concretas que explicaran por qué los otros sí y ellos no. Las explicaciones que cada uno se daba eran diversas y variopintas, ¿quizás por la edad?, se preguntaba una aspirante a becaria de treinta y ocho años, ¿quizás por tener una diplomatura en vez de una licenciatura?, se preguntaba un chico de Relaciones Laborales. Quién sabía.

            Así, una vez más, como en tantas otras ocasiones en mi vida, sentía que yo era de los que siempre se quedaban atrás, de los que tenían más dificultades para progresar y tirar hacia delante, de los que veían cómo siempre eran otros los que lograban avanzar más rápido, bravos e imparables, por donde se habían propuesto: por la senda de la vida laboral satisfactoria, por el camino de las relaciones amorosas sustanciosas que acaban desembocando en proyectos de vida en común, por el vericueto de los predestinados a triunfar jóvenes en alguna disciplina. Una vez más, me quedaba claro que yo no pertenecía al clan de los primeros, los primeros en ser elegidos, seleccionados o destacados para hacer algo bueno o grande o para ser obsequiados con cosas envidiables mientras que los de mi grupo, el de los atrasados, el de la postrera opción, el del premio de consolación, los observábamos boquiabiertos y algo confusos, preguntándonos qué maldición pesaba sobre nuestras cabezas para haber sido relegados al último vagón del tren. Sólo nos quedaba mostrarnos pacientes e invocar a la esperanza para que, no demasiado tarde, a nosotros también nos pasara algo bueno. 

jueves, 25 de junio de 2015

Cosas que me gustan: la serie Hannibal (Tercera temporada)

Últimamente disfruto de demasiado sol y playa...Venga, un poco de tinieblas para compensar.

Olvídense de Scully. 
Bedelia, además de tener nombre de vampiresa y melena blonda, 
sabe lidiar mejor con los aliens, ¡digo!, con los caníbales...


Hablemos de la serie Hannibal, que va por su gloriosa tercera temporada. 

Es la mejor muestra de que los temas más terribles, atávicos y repulsivos, si son tratados con exquisitez, cuidado y buen gusto, pueden volverse auténticas obras del Arte del Horror. 

Sus bazas, son muchas. 

Una deliciosa estética recargada y barroca. Una fotografía digna de Oscar que parece inspirada en las oscuridades coloristas del Greco. Una banda sonora obsesiva e insistente como la gota china de la Inquisición, revestida de falsa austeridad y con unos acordes casi tribales. El sugerente atractivo de los espantos varios con los que teje y adorna su trama (la alta cocina con "ingredientes" inusuales presentada de forma deslumbrante, la caza y el tratamiento como piezas de caza a humanos animalizados, el psicoanálisis como puerta de entrada a lo más oscuro de la mente, relaciones humanas enfermizas pero no por ello incoherentes...). Y sobre todo, los actores, que logran con sus milagrosas y matizadas interpretaciones que nos creamos ese mundo de pesadilla y lógica sanguinaria que pueblan.

 En resumen: un recital de Terror Preciosista, el Gesamtkunstwerk diabólico, la prueba final de que aún existen realizadores que merecen el calificativo de Artesanos. 

Y bueno, ¿mi debilidad?. El nuevo personaje de la Tercera temporada, la misteriosa Chiyoh, la Lady Murakami de la versión televisiva de Hannibal. Su charme y look manga me encantan.

Si Tarantino te hubiera visto antes, quizás Kill Bill habría tenido otra chica oriental


https://www.youtube.com/watch?v=weVEJgLHWRo


miércoles, 24 de junio de 2015

A Anabel las setas no le hacen efecto (CAPÍTULO III)


            —Damas y caballeros, con la alucinante música de Mercury Rev como banda sonora, comencemos la ceremonia micofílica para la cual nos hemos reunido aquí.

            Y Ányello empezó a repartirnos vasos de agua y nuestras raciones de setas. Todos estábamos lo más cómodos posible. Carolina, Magdalena y yo, bien colocaditas en nuestros mullidos asientos, como niñas formales, y sentadas las tres juntas, tal y como nos habíamos empeñado. Nos miramos emocionadas y tragamos. The dark rising era el título de la canción. Está anocheciendo.

Como el resto, me quedé bien quieta en mi sitio y extremadamente silenciosa, esperando que aquellas sustancias psicotrópicas vegetales poseyeran mi ingenuo cuerpo y me llevara de paseo onírico por insospechados territorios. Traté de poner mi mente en blanco, algo que era recomendable, pero no podía. Aquello, todos en silencio y con el ruido de la tormenta mezclada con la sugerente música de Mercury Rev como único sonido, tenía algo de ceremonia macabra, sectaria, reptiliana tal vez. ¿De veras que había que estar tan quieto y callado? Era cómico ver las caras de infinita concentración que ponían todos. Tate parecía otra persona, mucho más madura y centrada, más profesor de inglés que nunca. Ányello daba la sensación de que iba a comenzar a levitar en cualquier momento. Yo sólo tenía ganas de reírme. Pero me controlé. Había que ser paciente.

Pero los minutos pasaban y yo seguía dolorosamente lúcida y centrada a pesar de que veía que los demás empezaban a hacer ya cosas raras. Se oían los primeros extraños gemidos, algunas risotadas secas y aisladas, y la quietud comenzaba a romperse. Rubén se puso en posición fetal sobre su butaca, y Carolina posó su cabecita sobre el hombro de Magdalena.

“Espera un poco, que enseguida empezarás a notar algo”, me dije. Pero no, allí no pasaba nada. Yo seguía tan sobria y centrada como siempre.

Y mi sólida paciencia inicial se fue debilitando a marchas forzadas.

Ányello nos había avisado de que no había un tiempo estándar tras el cual comenzaran a producirse los efectos de las setas, que dependía del cuerpo de cada uno. Pero aquella explicación dejó de resultarme aceptable a la hora y cuarto de estar quieta como una cariátide en el sofá de aquel pisito viendo cómo yo era la única de ocho personas que se mantenía inmune al LSD de Madre Naturaleza.

 Porque todos mis compañeros de ingesta llevaban casi una hora disfrutando de sus misteriosos efectos. Yo era testigo directo de ello.

Por ejemplo, a Carolina le dio por decir que Magdalena se había convertido en un hada de fuego. Y no conseguía explicar qué era exactamente esa criatura, sólo la miraba con lágrimas de emoción en los ojos, la veneraba como si fuera un ídolo, jugueteaba con su larga y rizada melena roja y, seguidamente, rompía a reír con aquella risita nerviosa, intercalada con algún que otro sonido porcino, que la poseía en ciertas ocasiones y que a mí me ponía de los nervios. Magdalena, en cambio, ignorando completamente la paranoia de Carolina, estaba totalmente entretenida en seguir y retransmitir en voz alta lo que a todas luces era una tensa conversación entre Audrey Hepburn y Marilyn Monroe, especialmente polémica cuando se tocó el tema de Desayuno con diamantes (Truman Capote había escrito su novela pensando en su gran amiga Marilyn como Holly Golightly,  pero la Hepburn se había hecho con el papel: todo un drama).


Y el resto… Oh, el resto. El resto se entretenía calibrando las nuevas posibilidades que les ofrecían sus extremidades, inhumanamente elásticas y extensibles, y los muebles y objetos del piso de Ányello, de formas cambiantes y con inesperadas propiedades.

Pero ninguno se levantaba de su sitio, ni siquiera elevaban ligeramente el trasero de sus asientos, como si estuvieran convencidos de que si lo hacían, su integridad física pudiera correr peligro.

Curiosamente, Tate era el menos profuso en aspavientos y expresiones. Sentado como un indio norteamericano en el suelo, al lado de la butaca donde estaba Ányello, se creía el comandante de una nave espacial, concentradísimo al (invisible) volante, y muy serio y circunspecto, casi con cara de desagrado. Vaya, el viaje no le estaba sentando bien.

Mercury Rev no dejaba de sonar mientras toda aquella gente se entregaba a las viles artes de las setas mágicas (Ányello debía de haber puesto un disco entero), y cuando finalmente me decidí a abandonar el piso, Saray explicaba al resto que estaban siendo observados por cientos de cámaras de Gran Hermano, que todo aquello era un experimento sociológico. “¡De los hombres lagarto!”, grité con sorna y lo más alto que puede antes de cerrar definitivamente la puerta de aquel piso. Con cierto resquemor, tristeza y la sensación de haber sido vilmente engañada.

lunes, 22 de junio de 2015

Tira al Cajero del Globo

El jueves de la semana pasada tuve una dinámica de grupo para un puesto de administrativo con francés que bien pudo haber sido un pasaje de Anabel perdió el control.

Sucedió en una empresa sita en un polígono industrial levantado en un pueblo a media hora por carretera de la ciudad.


Se trataba de un juego de roles y supervivencia, rollo Lost, La lotería (un relato de Shirley Jackson que me alucina), o la meritoria y reciente película española La cueva...


Pero venga. De forma resumida os contaré de qué fue la cosa y cómo terminó...

El juego: vamos cinco personas en un globo aerostático, cinco personas con cinco profesiones diferentes (Contable, Cajero, Acróbata, Reponedor y Catador de vinos) pero sin las herramientas necesarias para ejercer ninguna de ellas (curiosa e innecesaria en mi opinión aclaración de la organizadora del tema, una chica de RR.HH. muy maja), y justo antes de llegar a una isla desierta, resulta que hay que echar a uno al mar por cuestiones de peso.

Vamos, que había que defenderse diciendo que uno valía más vivo que muerto para una inminente vida de supervivencia en la misteriosa isla gracias a sus habilidades profesionales.

Yo, el Contable, logré convencer al resto de que no merecía morir, que sería muy útil en la ínsula gracias a mi organizadora y calculadora mente maestra, mi resilencia (una de esas palabritas que tanto gustan en estos tiempos que corren), mi capacidad para subsanar errores rápidamente... 
Los demás también se vendieron y se defendieron frente a ataques del resto (yo tuve la inmensa fortuna de no recibir ataque alguno, pero en cambio, la tomé con el Catador de vinos, que aseguraba que sería un portento detectando venenos y yo no lo veía nada claro...). 




Fue especialmente cómico el rifirrafe entre el Reponedor y el Cajero, ya que el Cajero acusó al Reponedor, a raíz de cierta declaración esperanzada de éste, de que en la isla no se podía vivir pensando que algún día nos rescatarían, que había que contar con la posibilidad de que quizás moriríamos allí sin ser salvados, a lo que el Reponedor contestó airadamente que él no quería convivir con alguien sin ilusión ni esperanza, "un negativo". Y la reflexión del Reponedor gustó mucho al Catador y al Acróbata (que se hizo valer hablando de lo bueno que sería escalando palmeras para coger cocos), y los tres la tomaron con el pobre Cajero. De nada sirvió mi insistencia por cargarnos al Catador.

Como a dos minutos de que acabara la dinámica seguía la discusión, tuve que ponerme un poquito insistente para recordar que el tiempo se agotaba y organizar las votaciones para elegir a la víctima. Lo logré. 

Por democracia elegimos largar al Cajero (yo prefería al Catador de vinos, como os podréis imaginar). Lo "ejecutamos", la chica de RR.HH. dijo que muy bien, que la dinámica había terminado, y en cuanto cerró el juego, el Acróbata, el Reponedor y el Catador de vinos salieron pitando de la sala con caras de pocos amigos y sin decir ni una sola palabra. Todos tenían coche para volver al centro, todos menos el pobre Cajero y yo, que tuvimos que quedarnos por el pueblo haciendo tiempo para coger un autobús. No tuvimos opción de pedir a ninguno de los otros candidatos que nos llevara al centro, si era tan amable. El mal rollito lo inundó todo...


A la espera del dichoso autobús, el Cajero y yo nos tomamos un café en un local del lugar. Nos reímos mucho comentando lo ocurrido, y el Cajero me confesó que si él quería ventilarse al Acróbata era por llevar calcetines blancos. Que a quién se le ocurría llevar calcetines blancos, que ni que fuera Michael Jackson... Tomamos el autobús, seguimos hablando durante el viaje y cuando llegamos a nuestro destino nos dimos los Linkedin. 



Al día siguiente me llamaron. Que no había pasado la dinámica. El Cajero tampoco la ha pasado. Me lo ha contado por Linkedin. 

Yo ya no entiendo nada, no paso dinámicas en las que me salvo de morir siendo Contable y organizo las votaciones para matar a otro. Pero al menos me rio y conozco a gente interesante. 


miércoles, 17 de junio de 2015

Cómo se comporta tu gente cuando estás en el paro (I)

Están los que te sorprenden para mal

Pensabas que su apoyo, cariño y comprensión serían eternos e incondicionales, y no sucede eso. No, ni mucho menos. 

Algunas de estas personas desaparecen casi como por arte de magia porque ya no les interesa tenerte en sus vidas por diferentes motivos, a saber: no saben de qué hablar contigo, o no les hace gracia que les cuentes tus penas  (vaya rollo escuchar las desgracias de un desempleado, todo el rato hablando del puñetero Infojobs, sus cursitos, datos y cifras oficiales...), o consideran que vuestra etapa en común ha pasado a mejor vida al encontrarte tú en otra diferente y peor (sí, ellos sí tienen trabajo y no, no les costó tanto encontrarlo)...  



Otras de estas personas, aunque no desaparezcan, bien podrían hacerlo, porque ante tu mala fortuna no reaccionan como te esperabas, lo hacen de una forma que te deja boquiabierto para mal. Prácticamente te echan la bronca por estar en la situación en la que estás (vamos, que te hacen ver que piensan que tú eres el responsable único o mayor de estar desempleado), te invitan a olvidarte de tus tropecientos estudios superiores y a ponerte a trabajar YA, de LO QUE SEA (si protestas o dudas te llaman exquisito por no querer ponerte a limpiar un matadero o meterte de aprendiz en una funeraria, por ejemplo) o a irte al extranjero YA, a trabajar en LO QUE SEA (de au pair, camarero, limpiador de hoteles o dependiente en un local de fast food, que siempre hay curro de eso, qué pasa, ¿que se te caen los anillos? ¿No hicieron algo parecido nuestros antepasados en algún momento de sus vidas?). 


Esta gente no escucha cuando les dices que con tu formación es difícil acceder a ciertos trabajos, por muy básicos y manuales que sean, o que irte al extranjero así, sin nada, implica poner en riesgo tus ahorros, despedirte de los tuyos con el mal cuerpo que provoca que tu propio país te esté echando, y empezar desde cero, sin apoyos ni referencias de ningún tipo. 
Las personas que te dan estos consejitos, la mayoría de las veces (lo digo por experiencia), están bastante bien colocadas, no han conocido el paro de larga duración ni su kafkiana maquinaria, y aseguran que de verse en tu situación harían lo que te aconsejan. Aunque ya hayas cumplido los 30 y consideres que esas deliciosas aventuras de currar en LO QUE SEA y DONDE SEA sean más adecuadas para veinteañeros con ganas de tener experiencias nuevas y aprender un idioma que para ti. 

También están los que pudiendo ayudarte no te ayudan. Sabes muy bien que si quisieran podrían llevar tu CV a sus empresas, o que hablando con el señor X o la señora Y podrían tratar de concertarte una entrevista, o, directamente, conseguirte un currillo de corta duración haciendo no sé qué. Pero por motivos que se te escapan, no mueven ni un dedo. 

Y por último están los que si no disfrutan viéndote así, casi. La etiología de esta actitud es misteriosa y diversa, pero la palabra "envidia" puede citarse varias veces sin miedo a pecar de malpensado. 


domingo, 14 de junio de 2015

Una pizca de humor negro (CAPÍTULO III)

A Rubén, en particular, le ponía de los nervios que en Infojobs, cuando se presentaba a una oferta de empleo y era preseleccionado, podía estar así durante semanas y semanas (lo que se traducía en que durante semanas y semanas Rubén gozaba del fino halo de esperanza de ser entrevistado en persona, y si la diosa Fortuna le echaba una mano, ¡ser contratado!), cuando de repente, Dios sabía por qué, la pantalla de su ordenador le avisaba de que aquella oferta de trabajo había desaparecido. Así, sin más. Y Rubén X Y de 32 años de edad, natural de Bilbao (Vizcaya), licenciado en Psicología, con dos títulos superiores de idiomas y que en un cuestionario previo había contestado que lo que le atraía de aquella oferta de empleo era que le daría la posibilidad de desarrollarse personal y profesionalmente en una gran empresa con una reputación inmejorable, se quedaba confuso, desamparado y sin explicaciones.  
La falsa malhumorada le explicó a Rubén con mucha sensibilidad que una amiga suya que trabajaba en Recursos Humanos le había comentado que a veces publicaban ofertas en Infojobs y en otras páginas similares no porque realmente hubiera puestos vacantes que requirieran personal, sino para atraer candidatos para engrosar bolsas de empleo.
            —Así que utilizan Infojobs etcétera como casitas de chocolate embaucadoras, al estilo de la bruja de Hansel y Gretel —dije sin pensarlo demasiado. Se rieron.
            —Buena comparación —me guiñó un ojo el Tate, el amante del otro chocolate.
Saray, por su parte, contó algo de lo que yo ya me había dado cuenta: en los últimos tiempos las ofertas dirigidas a personas menores de treinta años y a discapacitados habían aumentado de forma impactante. ¿El motivo? En ambos casos las empresas obtenían beneficios económicos, nada que ver con las ganas de ayudar a los jóvenes y a los discapacitados.
—Con el tema de la edad no se puede hacer nada, no me puedo quitar años de encima ni retroceder en el tiempo para volver a tener veintinueve años, pero en cuanto a la incapacidad, como veo a diario tantas y tantas ofertas atractivas en las que yo encajaría si tuviera alguna clase de discapacidad, me entran ganas, no sé, de cortarme dos dedos de la mano izquierda, por ejemplo, que soy diestro… —dijo Rubén mirándose su mano izquierda mientras la giraba por encima de sus ojos. Y yo le disparé al instante:
            —Ya, pero entonces te dirían que tu caso no sirve, que no llegas al 33% de discapacidad, el mínimo que siempre exigen, y que deberías haberte cortado dos dedos de la mano derecha o, ¡o!, uno más de la izquierda.



            Y todos rieron con ganas no sin acusarnos de tener un humor negro, muy negro.
            —O a lo mejor te tendrías que sacar un ojo… —añadió Magdalena.

Pero la broma ya había caducado; a nadie le hizo gracia. 

viernes, 12 de junio de 2015

Recapituleision

Hace ya un mes que el blog de Anabel perdió el control es una realidad. Y en este mes, aunque aún no haya recibido comentarios escritos, mi gente me ha hecho llegar los suyos.


En general, la historia de Anabel gusta (y no sabéis cuánto me alegro).


Muchos se sienten identificados con ella desde el punto de vista laboral (sobra decir que hablo de los que en algún momento de su vida se han enfrentado al desesperante mundo de la búsqueda de trabajo sin contactos ni padrinos), pero me ha sorprendido comprobar que los post que más han agradado (son también los más leídos) son aquellos en los que Anabel tiene que sufrir a sus primas, un grupo de pelmas obsesionadas con que Anabel no tiene pareja y nada discretas ni sensibles a la hora de hacérselo saber.


Así, se puede decir que a la vez que está atrapada en el Purgatorio del Desempleado, Anabel tiene que soportar también  la "tara" de ser una suerte de Bridget Jones.


Vamos, todo un placer...


En cuanto a los consejos para mejorar este blog, he recibido varios bastante sensatos.
El que más se ha repetido es que debería publicar textos más cortos, espaciarlos más (publicar a diario puede llegar a saturar y hacer que la gente pierda el interés inicial), tratar de no poner pasajes inconexos o confusos (no dejar diálogos sin terminar, dar algunas pistas de quién es el personaje al que se alude, etc...), poner fotos o ilustraciones para agilizar la lectura y hacerla más atractiva (esto, sacado de contexto, podría parecer la petición de un crío de primaria, pero sé por dónde van los tiros, jejeje...), y hablar más de mí, o al menos, de mis gustos y reflexiones, más allá de la historia de Anabel, en la que hay bastante de mí.


Todo esto está muy bien. Y tomo buena nota de ello. Aunque haber concebido este blog como una especie de muestrario de mi novela es lo que puede haber traído todos esos "defectos". Quizás el secreto para logar que sea más atractivo y agradable de leer es personalizarlo más y poner trozos de Anabel perdió el control cada cierto tiempo, no de forma continua.

Creo que a partir de ahora así va a ser la cosa.

Y bueno, para empezar un poco a aplicarme el cuento, venga, os recomendaré algunas cosillas que me han gustado últimamente y que creo que buena parte de los desempleados y mal-empleados de este país y del mundo sabrán apreciar.



En el Festival de Cortometrajes Caostica del Bilbao de mis amores, que acaba de finalizar, tuve la suerte de ver varias piezas muy interesantes y en las que está claro que el Monstruo de la Crisis ha sido la fuente de inspiración directa para sus creadores. Los que más me gustaron fueron los siguientes:

- Nada S.A., de Caye Casas, en el que a un hombre le ofrecen 2.500 eureles al mes (más incrementos anuales del 30%) por sentarse en una silla 10 horas al día, 6 días a la semana, y no hacer nada,  absolutamente Nada (imaginad, imaginad, cómo sería la cosa), y el ganador del festival y mi preferido.

- Casitas, de Javier Marco. Una pareja de treintañeros triunfadores vive plácidamente en su casita de postín hasta que llega el padre de ella y alucina un poco con lo que ve... (no sigo para no incurrir en spoiler). También muy logrado, y que aunque se haya rodado en clave de fábula cómica, tiene un trasfondo triste y amargo.

-El corredor, de José Luis Montesinos. Cuenta lo que sucede cuando un ex-empleado y el ex-jefe que le despidió se reencuentran años después en circunstancias laborales y económicas totalmente diferentes. Una buena dosis de mala leche no demasiado antipática con final moralizante.

Y nada más, que a partir de ahora Anabel desansará un poco y sabréis más de los gustos y reflexiones de quien la creó, que por cierto, sí, sigue formalmente en paro tras tres años.

Muchas gracias por estar ahí.

PD: y pondré fotos y dibujitos


Madre Ciudad te devora: Metrópolis, de Ferenc Karinthy

El turista accidental . Siempre me ha resultado curioso este título y la mezcla de sensaciones que me despierta: regocijo, suspense, cierto ...