Anabel

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sábado, 12 de diciembre de 2015

La película que todos deberíamos ver estos días: Techo y comida




Techo y comida, dirigida por Juan Miguel del Castillo, es una película española humilde, delicada, contenida y sentida.

Muestra la historia de una madre soltera y su niño de ocho años que están a punto de quedarse en la calle. La madre, una joven que no cuenta con familia ni con amigos y que no tiene estudios ni preparación de ningún tipo, lleva tres años y medio en el paro sin empleo ni ayudas. Sólo una amable y sensible vecina que le da todo lo que puede (agua, comida, champú) y un precario y esporádico trabajito repartiendo propaganda logran que la muchacha tire para adelante.

Sus grandes esperanzas son que la cojan para trabajar en la limpieza y que le concedan una ayuda oficial, pero lo primero nunca llega y lo segundo se hará esperar. Y la amenaza del desahucio cada vez se hará más firme.




El guión me ha parecido muy acertado porque en vez de darle al espectador todo mascado y explicado, deja bastantes lagunas e incógnitas (¿De dónde exactamente viene su protagonista? ¿Cómo puede ser que haya terminado así? ¿Qué va a ser de ella?) a colmar por quien está al otro lado de la pantalla y pone el foco en lo esencial, en lo que verdaderamente importa: en contar el día a día de esa pobre pero orgullosa mujer que puede con todo y con todos pero sin matar una mosca, que vive y lucha por ella y por su hijo (por su hijo más que nada: es capaz de rugir de hambre por él) casi por inercia, sin plantearse siquiera la opción de declararse rendida y hundida. 

La película tiene grandes aciertos, entre ellos, mostrar cómo una persona desempleada y abandonada por el sistema puede guardar ese tipo de dignidad y amor propio que sobrevive a cualquier catástrofe humana y que impide suplicar ayuda o mostrarse abatido. También está bien que a base de acertados pincelazos se burle un poco de cómo la religión y la pasión desmedida por el fútbol pueden seguir siendo los apoyos espirituales de personas que no tienen nada. 

Y desde luego, lo mejor de la película son las interpretaciones de su protagonista, Natalia de Molina, que borda su papel de muchacha contenida y silenciosa pero orgullosa y luchadora (sólo una actriz prodigiosa puede cargar con la cámara durante hora y media de metraje) y la de Jaime López, el jovencísimo actor que interpreta a su niño con gran sensibilidad y naturalidad.

La pena, que la vayan a quitar de los cines en nada. No está teniendo nada de éxito.

Aquí el trailer.

1 comentario:

  1. Aun teniendo éxito la quitarían. Cuántas películas se mantienen en cartelera sin ser nada taquilleras? Pero esta no debe interesar,...!

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